Pbro. Dr. Arnaldo Pangrazzi M.I,académico del Instituto Internacional de Teología Pastoral Sanitaria Camilianum, Roma.
1. Introducción
En la entrada del hospital “S. Giacomo” de Roma, está esculpida la siguiente frase: “Ven para ser sanado, si no sanado al menos curado, si no curado al menos consolado”.
Los tres verbos: “sanar”, “curar”, “consolar”, proponen varios horizontes de salud y de esperanza. A menudo los agentes sanitarios, los enfermos y los familiares focalizan su atención en uno de estos, generalmente la recuperación física, dejando de lado o minimizando el valor de los otros.
Al examinar las prioridades de las diferentes profesiones, podemos decir que los médicos se preocupan sobre todo de “sanar”, las enfermeras de “curar” y los capellanes de “consolar”. A la luz de su preparación técnica y científica, los médicos se sienten llamados en primer lugar a la tarea de sanar, a través de diagnosis particulares, operaciones quirúrgicas o terapéuticas, tienden a dar salud y vida a quien está enfermo.