Febrero, Puerto de Sudán 2010
Un saludo fraterno desde tierras de misión donde ahora me encuentro, Puerto de Sudán. La ciudad es preciosa, aquí los combonianos tenemos una parroquia que en 1885 fue erigida en Suakim y en 1905 fue transferida a la ciudad donde ahora se encuentra, el templo es dedicado al Corazón de Jesús. La ciudad cuenta con un poco más de 500,000 habitantes la gran mayoría es musulmana, los cristianos han aumentado en número los últimos años por la emigración de sudaneses del sur. Nuestra parroquia ha un territorio inmenso, tenemos hasta el momento 12 centros que no podemos llamar capellanías porque no todos tienen capilla y no se puede ir a todos los centros a celebrar la Eucaristía con regularidad por la distancia, ya que en el servicio eran dos misioneros y ahora conmigo tres y además el gobierno a veces niega el permiso, porque cada vez que se quiere visitar uno de los centros lejanos se requiere un permiso de la policía que a veces es negado. Esto no desalienta. Tenemos en 4 centros un proyecto educativo con escuelas, porque los niños no tiene otra posibilidad donde empezar su formación sino a través de las escuelas que los misioneros han iniciado. Hacia el sur tenemos el centro más lejano en el desierto es en Dorbeb a unos 300 kilómetros de la parroquia central, es hasta donde los combonianos han podido llegar porque aun hay bastos terrenos donde se podría iniciar una capilla si Dios nos los concede, hacia el norte no hemos llegado lejos aun hay pueblecitos en el desierto por explorar.
La gente autóctona es de una familia étnica llamada Beja. En la ciudad y sus alrededores son Hadendua una tribu que ha sido nomádica que se ha asentado en el desierto que circunda Puerto de Sudán. Tienen su lengua. Según me han dicho en apariencia son gente pacífica en realidad siempre cargan su cuchillo o espada, y su carácter es violento y se distinguen porque visten galabeya blanca y un chalequito. Su religión es el Islam. He escuchado lo útil que sería de aprender su lengua será algo que evaluaremos los próximos meses porque el que mucho abarca desparrama. Sin duda el plan de reforzar nuestros centros lejanos suena más a la mano por el momento como el de no dejar caer las escuelas, de hecho actualmente atravesamos dificultades para el salario de los profesores y para el mantenimiento de ellas. Lo que se ofrece a nivel educativo es vital, abre a los niños la posibilidad de un futuro diferente por la formación humana, intelectual y espiritual que se les brinda. Y lo que recibimos a través de las escuelas es a nivel del contacto con las familias musulmanas que envían sus niños a nuestras escuelas y se realiza un dialogo interreligioso de gran valor. Veo como recientemente el gobierno ha pedido a la población Hadendua que envíe sus niños a estudiar algunos podrían venir y el contacto con ellos resultaría de provecho para ellos quienes podrían ver como el Evangelio permea nuestra vida y para nosotros conocer más sobre sus costumbres y la manera como el Señor les habla.
Ayer tuve reunión con un grupo de jóvenes en Welle en las afueras de la ciudad, un poco en el desierto, me había pedido una reflexión sobre el ayuno, de hecho una traducción para decir “tiempo de cuaresma en árabe” es “tiempo de ayuno”, zaman as-saum. Llegando constate que quienes habían llegado eran señoras y niños, y dos jóvenes, “seguro hay temas más urgente que el ayuno” pensé. Entonces les propuse cambiar el programa y dialogar sobre los desafíos de los jóvenes y dijeron “el problema empieza en las familias”. De hecho la división familiar es evidente, los padres emigran buscando trabajo o comida y la familia se divide. Mientras jóvenes empezaron a llegar a nuestra reunión, “porque llegan tarde?” les pregunté y uno me respondió, “por el trabajo, aquí tenemos un horario de trabajo de la menos 10 horas”. En realidad día viernes es el día de descanso. Poco a poco el lugar que era una capilla, su suelo es arena, paredes de madera vieja y el techo de lamina se lleno. En el ambiente también había polvo mezclado con arena. Poco a poco el clima fue cambiando no fuera sino dentro de nosotros y en la capilla, porque el Señor nos hablaba y si al inicio empezamos con aridez al final experimentamos esperanza y alegría.
Veo que estoy apenas al inicio de esta misión pero inmediatamente algo es evidente, que necesito el apoyo de la comunidad cristiana para continuar con este servicio. El servicio del misionero es compartir lo que a su vez el Señor nos ofrece a través de la Iglesia en materia de fe, formación cristiana, amistad y solidaridad. Noto tres tipos de ayuda que necesitamos en nuestra misión:
- a nivel de interés, compañía e información: De parte de la comunidad cristiana siempre hay gente interesada en conocer sobre la misión, su interés es de alguna manera compañía para nosotros y nos anima. Gente que quisiera saludar o intercambiar ideas o preguntar sobre el trabajo misionero, es algo valioso y de provecho a nivel intelectual
- a nivel de amistad y oración: quien comparte un espíritu misionero y desea orar por nuestras intensiones y por nuestro trabajo, es sin duda vital para nosotros contar con las oraciones y de provecho a nivel espiritual y de motivaciones.
- a nivel de solidaridad: quien desea comprometerse más con la misión y ser solidario. Actualmente vemos la necesidad en nuestra parroquia de no dejar que el proyecto educativo venga a menos, necesitamos solventar el salario de los 70 profesores que tenemos en los 4 centros (Maio, Welle, Philip e Ingas), lo que los estudiantes pagan no es suficiente. Si cerramos escuelas significa que los niños se van a estudiar en las escuelas del gobierno que son musulmanas y según la experiencia la presión es tanta que no pocos cambian de religión. Por otra parte para el mantenimiento de los misioneros Dios nos ayuda siempre a través también de amigos. Esta ayuda es entonces de provecho a nivel pastoral.
El Señor nos ha enviado, el Señor pone en nuestra mente y corazón el camino a seguir. Y lo que proponemos viene confirmado por El a través de la gente mientras pedimos la ayuda de Dios pedimos también la ayuda de la gente que se quiere unir a esta causa de ayuda directa a la evangelización.
Que Dios les Bendiga. Desde Puerto de Sudán:
p. Juan José Hernández (Misionero Comboniano)
