¿POR QUÉ ME HICE SACERDOTE MISIONERO?

Padre Vicente Turri

“No soy vosotros los que me habéis elegido, soy yo quien los he elegido y los he destinado para que vayas y deis frutos y vuestro fruto dure” (Jn 15,16)

  1. Busco inútilmente la fuente de mi vocación: desde mi tierna edad comencé a sentir un atractivo casi instintivo hacia la vida sacerdotal. Sentía que mi vida únicamente así podía tener sentido. Mis padres y maestros me apoyaron profundamente en eso.
  2. Me encantaba participar en las catequesis, en las reuniones y en las fiestas que se celebraban en mi parroquia natal. Me sentía feliz cuando me tocaba ayudar como acolito  en las misas y cuando los sacerdotes me daban algún encargo o responsabilidad.
  3. Tenía en gran aprecio una biblia que me regalaron el dia de mi primera comunión: a todo el mundo  les enseñaban sus figuras hermosas y les contaba sus historias.
  4. Con alegría iba a la misa los domingos y desde que hice mi primera comunión me gustaba recibir a Jesús.
  5. En los años de mi adolescencia, tuve una experiencia que fue sin duda para mi determinante. Alguien había colocado en una gran cartelera los números  que indicaban cuantos eran los cristianos en le mundo y cuantos los miembros de otras religiones. La diferencia de los números era enorme y me impresiono tremendamente. Sentí  como un llamado  muy especial  a  dedicarme a  reducir las cifras entre el gran número de pertenecientes  a otras religiones y el pequeño número  de cristianos en el mundo. En ese momento entendí que  debía dedicar mi vida  a dar a conocer a Cristo entre los no Cristianos.
  6.  En los años de mi infancia  me causaban  muchas tristezas ciertas manifestaciones políticas en contra de la iglesia y delos sacerdotes. Aquel sufrimiento contribuyo a afianzar mayormente mi propósito de gastar la vida entera al servicio de la iglesia, que yo tanto amo.
  7. Leía con mucho interés las revistas que me enviaban los misioneros Combonianos. Me ayudaron a descubrir el rostro de los africanos, de los asiáticos, de los americanos… que comenzaron  a formar parte de mi vida. Sentía que valía la pena ser misionero y sacerdote también para ellos.
  8. Me conmovía particularmente los relatos sobre los leprosos, los prófugos, los niños abandonados y los pobres. Soñaba compartir mi vida con ellos  para ayudarles a mejorar su condición y hacerlos felices.
  9. Particularmente sentía que la misión en otros continentes me atraía con fuerza. Dios había puesto en mi corazón esta pasión como un ideal al que ya no podía renunciar por ninguna razón al mundo y daba un sabor especial a mi vida.
  10.   Sobre todo venia percatándome  siempre mas que al participar en la dignidad y en la misión de Cristo, yo estaba llamado a compartir también su total entrega, haciéndome  persona consagrada, para eso acepte ser sacerdote y misionero en la congregación de los Misioneros Comboniano del Sagrado Corazón.

Pbro. Vicente Turri
Misionero Combonianos del Sagrado Corazón.